domingo, 10 de diciembre de 2017

La Lectura: concepto, tipos, elementos y etapas



Leer es imaginar, reflexionar y comprender, interpretar y recrear; leer es establecer relaciones, es comparar, es producir significado. Leer no es asentir, no es simple traducción de fonemas ni mera descodificación de signos gráficos a una velocidad vertiginosa [1]. Leer es aceptar la interlocución con un texto. La lectura es una pasión, una aventura, un riesgo.

La lectura es un proceso dinámico y flexible, en el cual el pensamiento y el lenguaje están involucrados en una transacción [2] permanente, cuando el lector intenta construir significado a partir de un texto escrito. Sin producción de significado no hay lectura. En este sentido, la lectura es considerada un acto productivo, porque leer es generar significado. El lector convierte en ideas, en pensamientos, en proposiciones, los signos gráficos que se encuentra en el texto escrito. La lectura, por lo tanto, es un proceso muy activo: todo texto, para ser interpretado, exige una participación dinámica del lector; toda lectura necesariamente es interpretación y lo que un lector es capaz de comprender y de aprender por medio de la lectura depende en gran medida de lo que ese lector conoce y cree antes de leer el texto.

La producción de significados es la razón fundamental de toda lectura. Leer es producir significados. No obstante, es posible distinguir algunos tipos de lectura de acuerdo con el propósito que se persigue, el grado o nivel de comprensión, el tipo de texto y las técnicas aplicadas.

Vamos a mencionar a continuación algunos de estos tipos de lectura.

1. Lectura de estudio:
Como su propósito es dominar el tema de un texto específico, es decir, comprenderlo e interpretarlo, esta lectura busca la máxima profundidad. Su objetivo final se orienta a la adquisición o al desarrollo de un determinado conocimiento. Recordemos que la lectura de textos escritos ha sido el principal medio de aprendizaje en el ámbito académico.

2. Lectura informativa:
Tiene como finalidad mantener actualizado al lector sobre los avances científicos o tecnológicos y sobre lo que sucede en el mundo. En este caso, se requiere de una lectura sin mucho detenimiento o profundidad, procurando identificar el tema y las ideas principales. Este tipo de lectura se aplica generalmente a periódicos y revistas.

3. Lectura recreativa:
Aunque toda lectura debe producir goce, placer, recreación, con lectura recreativa nos referimos, en forma particular, a aquellas lecturas que tienen como propósito específico resaltar el goce, tal como sucede, por ejemplo, con la lectura de textos literarios.

4. Lectura de documentación:
En ciertas ocasiones, el lector tiene que detenerse en la comprensión de algunas partes del texto, con el fin de identificar o extractar una determinada información que necesita clara y precisa. Esta lectura es fundamental para la investigación y para los distintos tipos de trabajos académicos.

5. Lectura de revisión:
Tiene como finalidad releer los textos para corregir lo que se ha escrito o para recuperar ideas con el objeto de presentar una evaluación.

ELEMENTOS

Leer es una actividad mental compleja que involucra diversos actores, operaciones y factores, todos ellos relacionados entre sí. Estos tres elementos son determinantes en el momento de definir estrategias que tengan como finalidad desarrollar una mayor competencia lectora. A continuación, presentaremos algunos aspectos relacionados con cada uno de estos elementos.

Los actores: En el proceso lector identificamos tres actores: el autor, el texto y el lector.

El autor: es quien produce, por medio del lenguaje, un texto portador de significado y con una determinada intención comunicativa. Tiene existencia, al igual que el lector, como sujeto social y como sujeto textual. Para nosotros, esta segunda dimensión es la que tiene mayor pertinencia en el proceso lector.

El texto: es la unidad fundamental de la comunicación verbal humana. Como la noción de texto tiene variadas acepciones [3], es conveniente precisar aún más a qué nos vamos a referir cuando hablemos de texto: cualquier secuencia coherente de signos lingüísticos, producida por un escritor en una situación concreta y con una intencionalidad comunicativa específica

El texto es, pues, un enunciado o un conjunto de enunciados organizado de manera coherente, dotado de significación y producido con una intención específica en una determinada situación comunicativa.

Los textos escritos tienen una estructura sintáctica, una estructura semántica y unos recursos cohesivos, que les proporcionan su unidad. En estos términos, el texto puede ser una oración, un conjunto de oraciones o una secuencia de párrafos que cumple una función de interacción y comunicación.

Y el lector: es quien construye significado a partir del texto en ausencia del autor. Es un actor crucial en el proceso puesto que es exclusivamente él quien reconstruye el sentido. Para nosotros, los esquemas[4] y la labor de este actor tienen una enorme importancia; tanta como su actitud y su disposición frente al texto. Como sujeto cargado libidinalmente, el lector establece una relación afectiva con el texto.

Una pedagogía de la motivación para la lectura incurriría en un error imperdonable si olvidara este detalle.

Estos actores guardan una estrecha relación con las funciones del lenguaje y con la comunicación. Sobre esta relación volveremos más adelante.

Podemos inferir, entonces, que algunos factores de la comprensión lectora se derivan del autor, otros del texto y otros del lector.

Sin embargo, las investigaciones realizadas en las dos últimas décadas sobre la comprensión e interpretación de los textos escritos, dan cuenta de dos orientaciones principales: las que se sitúan desde la perspectiva del lector y sus esquemas de conocimiento previo y las que se sitúan desde la perspectiva del texto y su organización estructural.

Una vez ha sido generado, el texto escrito pasa a tener una existencia independiente a la de su autor como sujeto social. Pero no puede tener una existencia independiente de sus lectores. Pues como objeto verbal, el texto sólo existe en la relación dialógica que establece con un lector[5]. No se concibe como una estructura autosuficiente que se basta a sí misma y que engloba en su seno todo el sentido, como lo creyeron Jakobson y Lévi-Strauss, sino un escenario que exige la cooperación interpretativa del lector para la construcción del significado. Umberto Eco (1980) nos habla del principio de cooperación del lector: Leer no es un acto neutral, pues entre lector y texto se establecen una serie de relaciones complejas y de estrategias singulares que muchas veces modifican sensiblemente la naturaleza misma del escrito original (Lector in fabula: el papel del lector).

Así pues, el significado no reside como algo ya hecho y definitivo en el texto, y por supuesto que tampoco en el lector, sino que sucede o se genera durante la relación dialógica entre texto y lector.

Si todo texto es un tejido, como lo afirma Barthes (1984:81), es el lector, con sus lecturas y relecturas, quien se encarga de re-crear ese tejido. Si todo texto es una polifonía o, mejor aún, una sinfonía, entonces sus diversas voces sólo existen porque son atentamente escuchadas por el oído de un solícito lector.

De modo que la pregunta, tantas veces repetida, ¿qué quiso decir el autor? implicaría, por lo menos, aceptar cuatro premisas.

La primera: el autor mantiene un dominio absoluto sobre el texto, tanto en el proceso de su construcción como en el de su comprensión e interpretación.

La segunda: el texto no tiene una existencia independiente a la de su autor, y, por consiguiente, cada vez que se vaya a leer un texto será preciso convocar a su autor. De hecho, esto genera cierto servilismo en el lector.

La tercera: únicamente existe un sentido correcto (válido) de comprensión e interpretación, que necesariamente es aquél que coincide con lo que el autor quiso decir (ni siquiera con lo que en efecto dijo). De lo anterior, es apenas lógico concluir que sin el visto bueno del autor no hay forma de verificar el acierto.

Y la cuarta: el texto existe como un producto terminado. Desde luego, las claves de su producción y de su comprensión están en manos de su creador.

Por eso, sin pretender desconocer la importancia del autor, ni la incidencia que tienen en el texto su conocimiento y manejo de los códigos, sus esquemas cognoscitivos, su enciclopedia cultural y las circunstancias en las que produjo el texto, nosotros también consideramos conveniente que las estrategias para el mejoramiento de la competencia lectora se concentren en el texto y en el lector.


Los factores:
En el proceso lector participan unos factores de naturaleza variada: físicos, fisiológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales y cognoscitivos.

a. Factores físicos y fisiológicos: la edad cronológica, el sexo, aspectos sensoriales (visuales y auditivos).

b. Factores psicológicos: el equilibrio emocional, la autoestima, la confianza en sí mismo, etc.

c. Factores socioeconómicos y culturales: el estrato social, el grupo familiar, la comunidad, la escolaridad, los círculos culturales, etc. Estos factores constituyen una constante que, en relación con la lectura de los textos — y obviamente también con su escritura —, afecta los intereses, la motivación, el acceso y la familiarización con los textos mismos. Los factores socioeconómicos y culturales son conocidos también como factores exógenos del proceso lector. Estamos convencidos de que estos factores tienen un alto grado de responsabilidad en las deficiencias de lectura y de escritura que en la actualidad presentan los estudiantes.

d. Factores cognoscitivos: la inteligencia general, las habilidades mentales específicas, la atención selectiva[6] y la memoria.


ETAPAS DEL PROCESO DE LA LECTURA

Para Solé (1994), la lectura tiene subprocesos, entendiéndose como etapas del proceso lector: Un primer momento, de preparación anímica, afectiva y de aclaración de propósitos; en segundo lugar la actividad misma, que comprende la aplicación de herramientas de comprensión en sí; para la construcción del significado, y un tercer momento la consolidación del mismo; haciendo uso de otros mecanismos cognitivos para sintetizar, generalizar y transferir dichos significados.

La lectura como proceso de adquisición de habilidades de carácter cognitivo, afectivo y conductual, debe ser tratada estratégicamente por etapas. En cada una de ellas han de desarrollarse diferentes estrategias con propósitos definidos dentro del mismo proceso lector.

Solé (1994), divide el proceso en tres subprocesos a saber: antes de la lectura, durante la lectura y después de la lectura:

ANTES DE LA LECTURA
Como todo proceso interactivo, primero debe crearse las condiciones necesarias, en este caso, de carácter afectivo. O sea el encuentro anímico de los interlocutores, cada cual con lo suyo: Uno que expone sus ideas (el texto), y el otro que aporta su conocimiento previo motivado por interés propio.
Esta es en síntesis la dinámica de la lectura. En esta etapa y con las condiciones previas, se enriquece dicha dinámica con otros elementos sustantivos: el lenguaje, las interrogantes e hipótesis, recuerdos evocados, familiarización con el material escrito, una necesidad y un objetivo de interés del lector, no del maestro únicamente.

DURANTE LA LECTURA
Es necesario que en este momento los estudiantes hagan una lectura de reconocimiento, en forma individual, para familiarizarse con el contenido general del texto. Seguidamente, pueden leer en pares o pequeños grupos, y luego intercambiar opiniones y conocimientos en función al propósito de la actividad lectora.

Siendo nuestro quehacer una función integradora, éste es un auténtico momento para que los estudiantes trabajen los contenidos transversales, valores, normas y toma de decisiones; sin depender exclusivamente del docente. Claro está que él, no es ajeno a la actividad. Sus funciones son específicas, del apoyo a la actividad en forma sistemática y constante.

DESPUÉS DE LA LECTURA
De acuerdo con el enfoque socio-cultural Vygotsky, L. (1979), la primera y segunda etapa del proceso propiciará un ambiente socializado y dialógico, de mutua comprensión. La actividad ha de instrumentalizar el lenguaje como herramienta eficaz de aprendizaje, de carácter ínterpsicológico.
En esta etapa todavía está vigente la interacción y el uso del lenguaje, cuando se les propone a los estudiantes la elaboración de esquemas, resúmenes, comentarios, etc. Aquí el trabajo es más reflexivo, crítico, generalizador, metacognitivo, metalingüístico; o sea que el aprendizaje entra a un nivel intrapsicológico. La experiencia activada con el lenguaje se convierte en imágenes de carácter objetivo; los que vienen a integrarse a los esquemas mentales del sujeto, para manifestarse luego en su personalidad (formación integral). El fin supremo en todo aprendizaje significativo es eso, formar nuevas personas razonadoras, críticas, creativas, con criterios de valoración propios al cambio.
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[1] Es indudable que no siempre leemos de la misma manera ni con el mismo propósito. Pero no podemos olvidar que la mayoría de nuestras consideraciones sobre la lectura, apunta a la llamada lectura de estudio, la lectura que debemos realizar en el ámbito académico.
[2] Este concepto de transacción fue expuesto por Louise Rosenblatt (1978), fundamentada en Dewey y Bentley. Estos autores rechazaban el término interacción por considerarlo asociado a una visión mecanicista del mundo, en la que impera el dualismo sujeto - objeto. En su reemplazo, hablaron de transacción, para referirse a una relación integral, no fracturada, en la cual todas las partes se condicionan y se afectan unas a otras. De tal forma que en el proceso de la lectura, las características del lector son tan importantes como las características del texto.
[3] Por ejemplo, para Halliday texto es “todo lo que se escribe o se dice en una situación específica”. Para Barthes, el texto es un tejido en el cual se hacen presentes varias redes: una red semántica, una red gramatical y una red fonológica. Además, la noción de texto puede hacer referencia a texto oral, escrito, iconoverbal u objetual. Por tanto, un texto debe ser objeto de un análisis interdisciplinario: lingüístico, pragmático, sociolingüístico, lógico, psicológico, etc.
[4] Los esquemas tienen que ver con el conocimiento previo del mundo que el lector posee. En otras palabras, podemos decir que los esquemas son paquetes de conocimiento estructurado, más o menos estables, que orientan la comprensión y la búsqueda de nueva información por parte del lector. Los esquemas son también procesos activos mediante los cuales el sistema cognitivo de un ser humano interactúa con el medio y construye una representación del mismo.
[5] Esta concepción integradora de texto y lector se aparta de la concepción dualista, expuesta por diferentes autores, en la que texto y lector se consideran dos entidades separadas.
[6] Las implicaciones de la “atención selectiva” en el proceso lector son de una enorme importancia. Para ampliar este concepto, ver el artículo de María Eugenia Dubois, “Procesos de lectura y escritura, formación del docente, desarrollo de lectores y escritores”, en : Memorias segundo encuentro de Egresados y Estudiantes de Educación : Español y Literatura, Universidad de Antioquia,Medellín, 1996, p.p. 33 - 47.


Autor del anterior texto: Carlos Alberto Rincón Castellanos (docente Universidad de Antioquia)

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