Leer es imaginar, reflexionar y comprender,
interpretar y recrear; leer es establecer relaciones, es comparar, es producir significado. Leer no es
asentir, no es simple traducción de fonemas ni mera descodificación de signos
gráficos a una velocidad vertiginosa [1]. Leer es aceptar la interlocución con un texto. La
lectura es una pasión, una aventura, un riesgo.
La lectura es un proceso dinámico y flexible, en el
cual el pensamiento y el lenguaje están involucrados en una transacción
[2] permanente,
cuando el lector intenta construir significado a partir de un texto escrito.
Sin producción de significado no hay lectura. En este sentido, la lectura es
considerada un acto productivo, porque leer es generar significado. El lector
convierte en ideas, en pensamientos, en proposiciones, los signos gráficos que
se encuentra en el texto escrito. La lectura, por lo tanto, es un proceso muy
activo: todo texto, para ser interpretado, exige una participación dinámica del
lector; toda lectura necesariamente es interpretación y lo que un lector es
capaz de comprender y de aprender por medio de la lectura depende en gran medida
de lo que ese lector conoce y cree antes de leer el texto.
La producción de significados es la razón
fundamental de toda lectura. Leer es producir significados. No
obstante, es posible distinguir algunos tipos de lectura de acuerdo con el
propósito que se persigue, el grado o nivel de comprensión, el tipo de texto y
las técnicas aplicadas.
Vamos a mencionar a continuación algunos de estos
tipos de lectura.
1. Lectura de
estudio:
Como su propósito es dominar el tema de un texto
específico, es decir, comprenderlo e interpretarlo, esta lectura busca la
máxima profundidad. Su objetivo final se orienta a la adquisición o al
desarrollo de un determinado conocimiento. Recordemos que la lectura de
textos escritos ha sido el principal medio de aprendizaje en el ámbito
académico.
2. Lectura
informativa:
Tiene como finalidad mantener actualizado al lector
sobre los avances científicos o tecnológicos y sobre lo que sucede en el
mundo. En este caso, se requiere de una lectura sin mucho detenimiento o
profundidad, procurando identificar el tema y las ideas principales. Este
tipo de lectura se aplica generalmente a periódicos y revistas.
3. Lectura recreativa:
Aunque toda lectura debe producir goce, placer,
recreación, con lectura recreativa nos referimos, en forma
particular, a aquellas lecturas que tienen como propósito específico
resaltar el goce, tal como sucede, por ejemplo, con la lectura de textos
literarios.
4. Lectura de
documentación:
En ciertas ocasiones, el lector tiene que detenerse
en la comprensión de algunas partes del texto, con el fin de identificar o
extractar una determinada información que necesita clara y precisa. Esta
lectura es fundamental para la investigación y para los distintos tipos de
trabajos académicos.
5. Lectura de
revisión:
Tiene como finalidad releer los textos para corregir
lo que se ha escrito o para recuperar ideas con el objeto de presentar una
evaluación.
ELEMENTOS
Leer es una actividad mental compleja que involucra
diversos actores, operaciones y factores, todos ellos relacionados
entre sí. Estos tres elementos son determinantes en el momento de definir
estrategias que tengan como finalidad desarrollar una mayor competencia
lectora. A continuación, presentaremos algunos aspectos relacionados con cada
uno de estos elementos.
Los actores: En el
proceso lector identificamos tres actores: el autor, el texto y el
lector.
El autor: es quien
produce, por medio del lenguaje, un texto portador de significado y con una
determinada intención comunicativa. Tiene existencia, al igual que el lector,
como sujeto social y como sujeto textual. Para nosotros, esta segunda dimensión
es la que tiene mayor pertinencia en el proceso lector.
El texto: es la
unidad fundamental de la comunicación verbal humana. Como la noción de texto
tiene variadas acepciones [3], es conveniente precisar aún más a qué nos vamos a
referir cuando hablemos de texto: cualquier secuencia coherente de
signos lingüísticos, producida por un escritor en una situación concreta y con
una intencionalidad comunicativa específica
El texto es, pues, un enunciado o un conjunto de
enunciados organizado de manera coherente, dotado de significación y producido
con una intención específica en una determinada situación comunicativa.
Los textos escritos tienen una estructura
sintáctica, una estructura semántica y unos recursos cohesivos, que les
proporcionan su unidad. En estos términos, el texto puede ser una oración, un
conjunto de oraciones o una secuencia de párrafos que cumple una función de
interacción y comunicación.
Y el lector: es quien
construye significado a partir del texto en ausencia del autor. Es un actor
crucial en el proceso puesto que es exclusivamente él quien
reconstruye el sentido. Para nosotros, los esquemas[4] y la
labor de este actor tienen una enorme importancia; tanta como su actitud y su
disposición frente al texto. Como sujeto cargado libidinalmente, el lector
establece una relación afectiva con el texto.
Una pedagogía de la motivación para la lectura
incurriría en un error imperdonable si olvidara este detalle.
Estos actores guardan una estrecha relación con las
funciones del lenguaje y con la comunicación. Sobre esta relación volveremos
más adelante.
Podemos inferir, entonces, que algunos factores de
la comprensión lectora se derivan del autor, otros del texto y otros del
lector.
Sin embargo, las investigaciones realizadas en las
dos últimas décadas sobre la comprensión e interpretación de los textos
escritos, dan cuenta de dos orientaciones principales: las que se sitúan desde
la perspectiva del lector y sus esquemas de conocimiento previo y las que se
sitúan desde la perspectiva del texto y su organización estructural.
Una vez ha sido generado, el texto escrito pasa a
tener una existencia independiente a la de su autor como sujeto social. Pero no
puede tener una existencia independiente de sus lectores. Pues como objeto
verbal, el texto sólo existe en la relación dialógica que
establece con un lector[5]. No se
concibe como una estructura autosuficiente que se basta a sí misma y que
engloba en su seno todo el sentido, como lo creyeron Jakobson y Lévi-Strauss,
sino un escenario que exige la cooperación interpretativa del lector para la
construcción del significado. Umberto Eco (1980) nos habla del principio
de cooperación del lector: Leer no es un acto neutral, pues
entre lector y texto se establecen una serie de relaciones complejas y de
estrategias singulares que muchas veces modifican sensiblemente la naturaleza
misma del escrito original (Lector in fabula: el papel del lector).
Así pues, el significado no reside como algo ya
hecho y definitivo en el texto, y por supuesto que tampoco en el lector, sino
que sucede o se genera durante la relación dialógica entre
texto y lector.
Si todo texto es un tejido, como lo
afirma Barthes (1984:81), es el lector, con sus lecturas y relecturas, quien se
encarga de re-crear ese tejido. Si todo texto es una polifonía
o, mejor aún, una sinfonía, entonces sus diversas voces sólo
existen porque son atentamente escuchadas por el oído de un solícito lector.
De modo que la pregunta, tantas veces repetida, ¿qué
quiso decir el autor? implicaría, por lo menos, aceptar cuatro premisas.
La primera: el autor mantiene un dominio absoluto
sobre el texto, tanto en el proceso de su construcción como en el de su
comprensión e interpretación.
La segunda: el texto no tiene una existencia
independiente a la de su autor, y, por consiguiente, cada vez que se vaya a
leer un texto será preciso convocar a su autor. De hecho, esto genera
cierto servilismo en el lector.
La tercera: únicamente existe un sentido
correcto (válido) de comprensión e interpretación, que necesariamente
es aquél que coincide con lo que el autor quiso decir (ni siquiera
con lo que en efecto dijo). De lo anterior, es apenas lógico concluir que sin
el visto bueno del autor no hay forma de verificar el acierto.
Y la cuarta: el texto existe como un producto
terminado. Desde luego, las claves de su producción y de su
comprensión están en manos de su creador.
Por eso, sin pretender desconocer la importancia del
autor, ni la incidencia que tienen en el texto su conocimiento y manejo de los
códigos, sus esquemas cognoscitivos, su enciclopedia cultural y las
circunstancias en las que produjo el texto, nosotros también consideramos
conveniente que las estrategias para el mejoramiento de la competencia lectora
se concentren en el texto y en el lector.
Los factores:
En el proceso lector participan unos factores de
naturaleza variada: físicos, fisiológicos, psicológicos, socioeconómicos,
culturales y cognoscitivos.
a. Factores físicos y fisiológicos: la
edad cronológica, el sexo, aspectos sensoriales (visuales y auditivos).
b. Factores psicológicos: el
equilibrio emocional, la autoestima, la confianza en sí mismo, etc.
c. Factores socioeconómicos y culturales:
el estrato social, el grupo familiar, la comunidad, la escolaridad, los
círculos culturales, etc. Estos factores constituyen una constante que, en
relación con la lectura de los textos — y obviamente también con su escritura
—, afecta los intereses, la motivación, el acceso y la familiarización con los
textos mismos. Los factores socioeconómicos y culturales son conocidos también
como factores exógenos del proceso lector. Estamos convencidos
de que estos factores tienen un alto grado de responsabilidad en las
deficiencias de lectura y de escritura que en la actualidad presentan los
estudiantes.
d. Factores cognoscitivos:
la inteligencia general, las habilidades mentales específicas, la atención
selectiva[6] y la
memoria.
ETAPAS
DEL PROCESO DE LA LECTURA
Para
Solé (1994), la lectura tiene subprocesos, entendiéndose como etapas del
proceso lector: Un primer momento, de preparación anímica, afectiva y de
aclaración de propósitos; en segundo lugar la actividad misma, que comprende la
aplicación de herramientas de comprensión en sí; para la construcción del
significado, y un tercer momento la consolidación del mismo; haciendo uso de
otros mecanismos cognitivos para sintetizar, generalizar y transferir dichos
significados.
La
lectura como proceso de adquisición de habilidades de carácter cognitivo,
afectivo y conductual, debe ser tratada estratégicamente por etapas. En cada
una de ellas han de desarrollarse diferentes estrategias con propósitos
definidos dentro del mismo proceso lector.
Solé
(1994), divide el proceso en tres subprocesos a saber: antes de la lectura,
durante la lectura y después de la lectura:
ANTES
DE LA LECTURA
Como
todo proceso interactivo, primero debe crearse las condiciones necesarias, en
este caso, de carácter afectivo. O sea el encuentro anímico de los interlocutores,
cada cual con lo suyo: Uno que expone sus ideas (el texto), y el otro que
aporta su conocimiento previo motivado por interés propio.
Esta
es en síntesis la dinámica de la lectura. En esta etapa y con las condiciones
previas, se enriquece dicha dinámica con otros elementos sustantivos: el
lenguaje, las interrogantes e hipótesis, recuerdos evocados, familiarización
con el material escrito, una necesidad y un objetivo de interés del lector, no
del maestro únicamente.
DURANTE
LA LECTURA
Es
necesario que en este momento los estudiantes hagan una lectura de
reconocimiento, en forma individual, para familiarizarse con el contenido
general del texto. Seguidamente, pueden leer en pares o pequeños grupos, y
luego intercambiar opiniones y conocimientos en función al propósito de la
actividad lectora.
Siendo
nuestro quehacer una función integradora, éste es un auténtico momento para que
los estudiantes trabajen los contenidos transversales, valores, normas y toma
de decisiones; sin depender exclusivamente del docente. Claro está que él, no
es ajeno a la actividad. Sus funciones son específicas, del apoyo a la
actividad en forma sistemática y constante.
DESPUÉS
DE LA LECTURA
De
acuerdo con el enfoque socio-cultural Vygotsky, L. (1979), la primera y segunda
etapa del proceso propiciará un ambiente socializado y dialógico, de mutua
comprensión. La actividad ha de instrumentalizar el lenguaje como herramienta
eficaz de aprendizaje, de carácter ínterpsicológico.
En
esta etapa todavía está vigente la interacción y el uso del lenguaje, cuando se
les propone a los estudiantes la elaboración de esquemas, resúmenes,
comentarios, etc. Aquí el trabajo es más reflexivo, crítico, generalizador,
metacognitivo, metalingüístico; o sea que el aprendizaje entra a un nivel intrapsicológico.
La experiencia activada con el lenguaje se convierte en imágenes de carácter
objetivo; los que vienen a integrarse a los esquemas mentales del sujeto, para
manifestarse luego en su personalidad (formación integral). El fin supremo en
todo aprendizaje significativo es eso, formar nuevas personas razonadoras,
críticas, creativas, con criterios de valoración propios al cambio.
_________________________________________________
[1] Es
indudable que no siempre leemos de la misma manera ni con el mismo propósito.
Pero no podemos olvidar que la mayoría de nuestras consideraciones sobre la
lectura, apunta a la llamada lectura de estudio, la lectura que debemos
realizar en el ámbito académico.
[2] Este
concepto de transacción fue expuesto por Louise Rosenblatt
(1978), fundamentada en Dewey y Bentley. Estos autores rechazaban el
término interacción por considerarlo asociado a una visión
mecanicista del mundo, en la que impera el dualismo sujeto - objeto. En su
reemplazo, hablaron de transacción, para referirse a una
relación integral, no fracturada, en la cual todas las partes se condicionan y
se afectan unas a otras. De tal forma que en el proceso de la lectura, las
características del lector son tan importantes como las características del
texto.
[3] Por
ejemplo, para Halliday texto es “todo lo que se escribe o
se dice en una situación específica”. Para Barthes, el
texto es un tejido en el cual se hacen presentes varias redes: una red
semántica, una red gramatical y una red fonológica. Además, la noción de texto
puede hacer referencia a texto oral, escrito, iconoverbal u
objetual. Por tanto, un texto debe ser objeto de un análisis
interdisciplinario: lingüístico, pragmático, sociolingüístico, lógico,
psicológico, etc.
[4] Los
esquemas tienen que ver con el conocimiento previo del mundo que el lector
posee. En otras palabras, podemos decir que los esquemas son paquetes
de conocimiento estructurado, más o menos estables, que orientan la comprensión
y la búsqueda de nueva información por parte del lector. Los esquemas
son también procesos activos mediante los cuales el sistema cognitivo de un ser
humano interactúa con el medio y construye una representación del mismo.
[5] Esta
concepción integradora de texto y lector se aparta de la concepción dualista,
expuesta por diferentes autores, en la que texto y lector se consideran dos
entidades separadas.
[6] Las
implicaciones de la “atención selectiva” en el proceso lector son de una enorme
importancia. Para ampliar este concepto, ver el artículo de María Eugenia
Dubois, “Procesos de lectura y escritura, formación del docente, desarrollo de
lectores y escritores”, en : Memorias segundo encuentro de
Egresados y Estudiantes de Educación : Español y Literatura, Universidad de
Antioquia,Medellín, 1996, p.p. 33 - 47.
Autor del anterior texto: Carlos Alberto Rincón
Castellanos (docente Universidad de Antioquia)
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